martes, 25 de febrero de 2014

ANGELES DE COROS SUPERIORES


Ayuda de otros Ángeles superiores

Cuando un alma camina en la senda de la perfección, recibe, además del ángel custodio, diversos otros ángeles de mayor jerarquía, es decir, a alguno del tercero o cuarto orden, que son de las Virtudes y Potestades. El segundo ángel de usted (escribe a la hermana H.Sch.) es uno de la compañía de San Gabriel, es decir, un hermano de mi querido arcángel. Yo veo a mi ángel a menudo; lo envío a veces a mis hijos espirituales, y le pido que me ayude. Es un ángel grande, muy hermoso, con cabellera de oro: él es serio y sumergido en Dios; pero a veces sonríe dulcemente, especialmente cuando le encargo mis oficios hacia mis hijos espirituales.
Nosotros, los que seguimos la devoción de Grignon de Monfort, los socios de la Hermandad de Oraciones a María Reina de los corazones, tenemos todos dos ángeles: nuestro ángel custodio y un segundo ángel de la compañía de San Gabriel, es decir, un arcángel.





Servicios que nos prestan los Ángeles.

Yo veo a mis ángeles y los llamo en mi ayuda. El arcángel me acompaña en místicas peregrinaciones; él me lleva y me trae luego de vuelta. A menudo presto este poderoso ángel al cura párroco. Cuando estoy por escribir algo que no conviene, enseguida me hace una amonestación.

Una vez recibí una carta muy larga, y estaba a punto de escribir a esa persona que abreviara lo que quisiera escribir, pero mi arcángel me dijo enseguida: ``¿No piensas ya en tu voto de padecer siempre? Y al mirar mi Crucifijo, pensé: ¡Cuántos trabajos ha llevado Jesucristo por mi! Quiero ser ahora más paciente.

El ángel se me aparece, dice a una persona de su confianza, en diversidad de vestiduras significativas. Si se presenta en verde claro, me anuncia pequeñas penas y contrariedades. Si viene de verde oscuro, me anuncia grandes penas. Si viene, en cambio, con vestiduras sacerdotales, con alba y estola cruzada, entonces me anuncia gracias extraordinarias y viene solemne y contento.
De noche viene a menudo con vestido de peregrino y con bastón de camino: es señal que me viene a buscar

Como le manifestara esa persona su extrañeza que volara así con el ángel, respondió: ¿Cómo podría yo declarar esto? Pensad: mi ángel me echa encima un manto oscuro, de modo que estoy asi cubierta, o me envuelve en una densa neblina, y entonces, viajamos. ¿A dónde? La semana pasada estuve cada noche en Bélgica: tenía tres pecadores que convertir y prepararles a recibir los últimos sacramentos; era un trabajo, por cierto, muy pesado. Se resistían y no querían hacerlo: al fin pude vencerlos, y los tres murieron reconciliados con Dios y bien.

En el mes de mayo pasado (1919) estuve tres noches en Haunstetten, cerca de Augsburg. Aquí se había cometido un grave sacrilegio con el Santísimo Sacramento, el tabernáculo robado, las santas hostias desparramadas y pisadas por los ladrones.

Pude con mi arcángel juntar las partículas de las hostias que estaban en el suelo y pegadas en los zapatos de los ladrones... y luego, delante del tabernáculo, ofrecer reparación... 


Del cuaderno espiritual que por orden de su confesor escribía diariamente la Sierva de Dios Magdalena de la Cruz, fallecida en 1919 en Munich.



sábado, 22 de febrero de 2014

¿Cómo es el aspecto de los ángeles?



La vestidura es rojiza y llevan en torno de la cabeza una como cinta en forma de diadema.

Otros ángeles custodios los veo en vestiduras blancas, de rostro apacible, hermosamente ceñidos y con preciosas coronas en la cabeza.

Estos ángeles más bien sirven a sus protegidos, que no los asisten.

Estos son los ángeles de las almas inocentes.

Los niños tienen ángeles custodios indeciblemente amables. Estos tienen una vestidura celeste, ceñidos con cinturones de perlas, y en torno de la cabeza llevan una corona de rosas inmarcesibles; sus manos siempre juntas para la plegaria, y sus ojos siempre dirigidos al Cielo.



También los pecadores tienen ángeles de majestuosa presencia: su vestidura es roja, su cabeza coronada, sus manos cruzadas sobre el pecho y sus ojos miran con expresión de súplica y compasión al Cielo.

¡Oh, qué gravemente debe de ofender a Dios un pecado mortal, cuando sus ángeles tiene ya semejante tristeza en sus rostros!



Almas piadosas que deben vivir en medio de gente no cristiana tienen una clase especial de ángel custodio, como también aquellos que deben cumplir una misión especial por voluntad divina.

Nada hay tan apacible como un ángel custodio, nada tan lleno de gracia como la Bondad de Dios, que ama tanto nuestra alma, que la guarda con un ángel que no solo avisa y consuela, sino que le sirve también.




Del cuaderno espiritual que por orden de su confesor escribía diariamente la Sierva de Dios Magdalena de la Cruz, fallecida en 1919 en Munich.



¡Oh tú, mi amigo, mi queridísimo hermano, santo ángel custodio...



¡Oh, Tú, mi amigo, mi queridísimo hermano, santo ángel custodio, yo te saludo mil veces en nombre de Jesús y doy gracias a Dios, que te ha hecho tan hermoso, tan bueno y tan estupendamente poderoso!

Los ángeles custodios se toman el cuidado de las almas que se les confía sin interrupción. El número de los ángeles es tan grande, que ninguno de ellos que ha tomado a su cargo un alma, vuelve a ser destinado a cuidar a otras, si ha llevado la primera salvación.

El ángel custodio que ha logrado llevar al Cielo a su protegido, queda luego junto a él en el Cielo.
Con la entrada de su protegido en el Cielo, se aumenta en gran manera la gloria y el contento accidental del mismo ángel.

Los ángeles custodios de aquellos infelices que no verán la gloria de Dios y se condenan, no se ven privados por ello de ese aumento accidental de gloria. Dios los agrega a los servidores especiales de la Reina de los ángeles y alaban y cantan con indecible armonía la justicia infinita de Dios.

También tienen los ángeles custodios sus especiales dones y gracias.

Los unos son más ardientes, los otros son más tranquilos. Estos son los que han de cuidar y consolar a los enfermos y a los que sufren.



Del cuaderno espiritual que por orden de su confesor escribía diariamente la Sierva de Dios Magdalena de la Cruz, fallecida en 1919 en Munich.

jueves, 20 de febrero de 2014

HIMNO (LAUDES) - SANTOS ANGELES CUSTODIOS



Cantemos hoy a los ángeles,
Custodios nuestros hermanos,
Que velan por los humanos
Y van de su bien en pos.

Ven siempre la faz del Padre
Él los ampara benigno,
Y luchan contra el maligno
En las batallas de Dios.

¡Oh espíritus inmortales!
Tenéis por reina a María,
Sois su vital letanía,
Su enamorada legión.

Por vuestro medio nos llegan
Dones y gracias del cielo,
La fe, la luz, el consuelo,
La paz y la inspiración.

Terribles como un ejercito
Bien ordenado en batalla,
Vuestra asistencia no falla
Contra la insidia infernal.

Silentes guardas y amigos,
De nuestra noche luceros,
Seréis nuestros compañeros
En la patria celestial.

La gloria a Dios que ha creado
Ejercito tan prolijo:
Que adore sumiso al Hijo,
Su rey y su plenitud, 
Y que al Espíritu Santo,
Terrenos y celestiales,
Le rindan universales
Tributos de gratitud. Amen



martes, 11 de febrero de 2014

EL OFICIO DE UN ANGEL, CUAL ES???



Según San Roberto Belarmino, podemos deducir de

 las Sagradas Escrituras cinco principales oficios que

 Dios confió a los Santos Ángeles:

                                                    El primer oficio




El primero de ellos, y el más importante de todos, es cantar continuamente alabanzas e himnos al Creador. 
Sin embargo, nosotros hombres, tantas veces llevados por la agitación y la correría de la vida moderna, 
no sabemos dar el debido valor a Dios, y por eso menospreciamos el culto que le debemos. 

Lejos de ser un acto de aquello que se acostumbra erróneamente llamar de "beaterio", el culto que los Ángeles prestan a su Creador es como una llamarada cuya más minúscula chispa sería suficiente para abrazar el universo. Nos es difícil comprender esa sublime realidad, pero imagina, querido lector, que fueses llamado a cantar un himno de alabanza al Papa. ¿Considerarías eso un acto de "beaterio", o una honra suprema? Así, comprendemos en cuánta estima Dios tiene esa función, a la cual destinó no a los menores, sino a los Ángeles más sublimes.

Oye a Isaías: "Vi al Señor sentado sobre un alto y elevado trono, y las franjas de su vestido llenaban el Templo. Los Serafines estaban por encima del trono; cada uno de ellos tenía seis alas; con dos cubrían su rostro, y con dos cubrían los pies, y con dos volaban. Y clamaban uno para el otro, y decían: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los ejércitos toda la tierra está llena de su gloria". (Is. 6, 1-3)

"Tú los ves velar el rostro y los pies, lo que es señal de gran respeto, como si no osasen fijar la mirada en el rostro de Dios, ni mostrarles los pies. Tú los ves volar continuamente mientras cantan lo que demuestra su gran amor a Dios y el deseo de aproximarse cada vez más a Él". [1]




Vemos que para agradar al "Señor de los ejércitos" son necesarias esas dos virtudes: el amor y la veneración. A través del cántico los Ángeles manifiestan su caridad; velando respetuosamente el rostro y los pies demuestran respeto, temor y veneración.

"De cuánta veneración Dios es digno, si los supremos Príncipes del Cielo, que siempre lo asisten y siempre ven su rostro, ni por la tan grande elevación de su grado, ni por tan larga convivencia con Él, osan jamás descuidar el temor y la veneración que les deben, mientras cantan sus alabanzas.

"¿Qué responderás tú, polvo y ceniza, cuando en el día del Juicio, fueres acusado de somnolencia, y de distracción en una acción tan divina, a la que no eras digno de ser llamado? Aprende por lo menos para el futuro, instruido por tan insigne ejemplo, a incitarte, a cantar a tu Dios los debidos himnos de alabanzas, con temor y tremor, con atención y vigilancia, con amor y deseo." [2]

El segundo oficio




El segundo consiste en presentar a Dios las oraciones de los hombres, y de interceder por ellos. Eso lo certifica claramente la Escritura: "Cuando tú orabas con lágrimas, y enterrabas a los muertos, y dejabas tu cena, yo [San Gabriel] presenté tus oraciones al Señor". (Tob. 12,12) Y en el libro del Apocalipsis San Juan describe una visión en la cual un Ángel portaba un turíbulo de oro a la espera de incienso, que eran las oraciones de los Santos, a fin de ofrecerlo a Dios. (Cf Ap 8,3)

Que gran gesto de bondad haber Dios establecido tan poderosos intercesores. No satisfecho en enviar Profetas que nos exhortasen, y hasta incluso a su propio Hijo Unigénito para redimirnos, quiso además constituir a los Ángeles como vehículo para hacer llegar al Creador nuestras oraciones.

¿Cuál no debe ser nuestra confianza y abandono en las manos de esos guardianes? No apenas celosos en cumplir este oficio por ser voluntad de Dios, lo hacen por amor a nosotros que somos, en el orden de la gracia, sus hermanos y coherederos de la misma bienaventuranza, destinados a vivir juntos por toda eternidad.

                                                   El tercer oficio



El tercero es el de anunciar a los hombres los asuntos más importantes de Dios, como lo es la redención y la salvación eterna. En efecto así habla el Apóstol en su Epístola a los Hebreos: "¿No son, por ventura, todos ellos (los Ángeles) espíritus administradores, enviados para servir a favor de aquellos que han de heredar la salvación?" (Hb 1,14)

Fue un Ángel que anunció a Zacarías el nacimiento del Precursor: "Yo soy Gabriel, aquel que está delante de Dios, y fui enviado para hablarte y anunciar esta Buena Nueva." (Lc 1,19) Y a la Virgen María anunció el mayor de todos los acontecimientos habidos en la historia de la humanidad: "Al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una Virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; y el nombre de la Virgen era María. Le dijo el ángel: ‘María, no temas, pues encontraste gracia delante de Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al cual pondrás el nombre de Jesús. Él será grande y se llamará Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de su padre David, reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su reinado no tendrá fin’ " . (Lc 1,26-27,30-33)



Podríamos también citar muchos otros episodios: después de la resurrección del Señor, a las mujeres que estaban en el Sepulcro, (Mt 28, 2-5) y después de la Ascensión, a todos sus Discípulos. (At 1, 10-11).

"La razón por la que Dios -que está en todo lugar, y puede por sí mismo hablar fácilmente al corazón de los hombres- quiere todavía mandar Ángeles, es, a lo que parece, para que los hombres sepan que Dios tiene el cuidado de las cosas humanas, y que es para ellos que gobierna y dirige el universo.

"Además de eso, los hombres podrían juzgar fácilmente, a veces, que sus inspiraciones divinas no eran sino sus propios pensamientos, o fruto de su propia imaginación. Pero cuando ven, u oyen que Ángeles son mandados por Dios, y que aquello que esos Ángeles predicen ocurre puntualmente como habían dicho, no pueden dudar de que la Providencia de Dios gobierna las cosas humanas, y dirige y dispone particularmente aquellas que conciernen a la salvación eterna de los electos." [3]

                                           El cuarto oficio





El cuarto oficio angélico es el de proteger a los hombres. Eso puede darse individualmente o en conjunto. Dios"confía a sus potentísimos siervos a la debilidad de los mortales, a fin de que cuiden de ellos como los preceptores de los niños, los tutores de sus pupilos, los abogados de sus partes, los pastores de sus ovejas, los médicos de los enfermos, los defensores de sus protegidos, o como los protectores de aquellos que son incapaces de defenderse si no se abrigan debajo de las alas de los poderosos." [4]


Así lo testifica David cuando dice: "Mandó a sus Ángeles cerca de ti, que te guarden en todos tus caminos." (Sl 99,11) El propio Cristo, siempre verdadero, lo certifica: "Mirad, no despreciéis alguno de estos pequeñitos, porque yo os digo que sus Ángeles en los Cielos ven siempre el rostro de mi Padre, que está en los Cielos". (Mt 18,10) San Juan, en el Apocalipsis, menciona al Ángel de la Iglesia de Éfeso, el Ángel de la Iglesia de Esmirna, y también los Ángeles de otras Iglesias. (Cf Ap 2, 1-8)

"De modo que en cada Nación hay dos Jefes: uno visible, hombre, y uno invisible, Ángel; y en cada Iglesia dos son los Obispos: uno visible, hombre, y uno invisible, Ángel; y en la Iglesia Católica Universal hay dos Sumos Pontífices, establecidos por Nuestro Señor Jesucristo, uno visible, hombre, y uno invisible, Ángel, el cual creemos ser el Arcángel San Miguel, venerado primero como protector por la Sinagoga de los Judíos, y venerado ahora por la Iglesia de los Cristianos, como su protector." [5]

¿Qué decir de la ingratitud de despreciar semejante auxilio? Tenemos un Ángel designado por Dios para custodiarnos ininterruptamente y hacemos poco caso?… ¿Cómo extraviarse de las sendas de la virtud teniendo a nuestro lado, y siempre a nuestra disposición, un tan admirable Consejero? ¿Cómo desanimar y desistir de recurrir al auxilio sobrenatural en nuestras contrariedades y fracasos, y, hasta incluso pecados y vicios, cuando tenemos alguien dispuesto a escucharnos y curar las heridas de nuestra alma? ¡Oh terrible juicio nos aguarda si no cambiamos nuestra conducta con nuestro celeste Guardián! No tendremos que cosa alegar delante del Juez, pues nos dio la más excelente protección, el Consejero más sabio y el Protector más perspicaz para guardarnos.

                                         El quinto oficio



"Es de ser soldados, o jefes armados para tomar venganza de las naciones y reprender a los pueblos. (Sl 149, 7)

"Son esos Ángeles que quemaron con el fuego y el azufre las ciudades infames (Gn 19,24); que mataron a todos los primogénitos de Egipto (Ex 12, 29); que postraron muchos millares de Asirios con un solo golpe (IV Reis, 19,35); serán esos Ángeles que en el día final separarán a los hombres malos, de los justos, y los lanzarán en el fuego ardiente del infierno. (Mt 13, 41, 42)

"Amén, pues, los hombres piadosos sus conciudadanos los santos Ángeles; tiemblen los impíos delante del poder de los Ángeles, administradores de la cólera de Dios Omnipotente, de cuyas manos nadie podrá librarlos." [6]